Eso que llamamos “Indie”

Por Divandino



Cuando escuchamos el término “indie” en temas de la cultura pop contemporánea nos podría remitir a cosas como alejadas, para un sector social específico o muy especializado. La verdad que dicha etiqueta refiere simple y llanamente a una creación independiente, sin los “parámetros” que dictan los estándares masivos.

En la música, sobre todo a partir de la primera década de los dos mil, el ser “indie” ha sido un poco trillado y utilizado para catalogar a las bandas y solistas cuya propuesta se basa en la independencia creativa y económica, incluso solo con el apoyo de medios de comunicación no tradicionales –quien no recuerda ya hasta con nostalgia MySpace, que era la red de batalla para los músicos- y sin los demás aparatos promocionales o publicitarios.

También es muy socorrido el cliché de relacionar a la música indie como la música que esuchan los hipsters o los nerds, principalmente en la Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey.

Regularmente estos proyectos no cuentan con oficinas de representación ni disquera, por supuesto, sino que aquí aplica el “hágalo usted mismo”, donde la constancia, el talento y la suerte juegan un papel fundamental.

Cada vez son más las bandas que han emergido a través de esta modalidad -si es que podríamos llamarle así-, que nace con videos de Youtube o Facebook, temas en Soundcloud o Mixcloud, publicaciones en Twitter, Instagram o Snapchat, entre otras tantas plataformas digitales.

Existen ejemplos tan significativos, pues cuando la respuesta positiva del público es tal que son absorbidos por el llamado “mainstream” (la tendencia global en sonido

s, moda y promoción), como los Arctic Monkeys, Foster The People, Franz Ferdinand, Empire Of The Sun o los más recientes Portugal The Man –incluso está entre los diez primeros de las listas del Billboard-, también en México y Latinoamérica hay varios con esta tendencia como  Porter, Carla Morrison, Hello Seahorse, Zoé o más reciente Technicolors Fabrics y Rey Pila.

Si nos remontamos a mediados del siglo pasado, podriamos considerar un sin fin de bandas o grupos musicales que iniciaron en un esquema parecido al “indie”, ya que hacían circular su música de mano en mano, en conciertos subterráneos y sin mayor difusión que la que hacían entre  sus seguidores de boca en boca.

Fue de esta manera que nacieron varios géneros como el reggae, el ska, el grunge, entre otros; los cuales, años después, se consolidarían entre el mainstream –o en la industria global, pues- con representantes más que famosos.

Todo hace suponer que casi todas las bandas de renombre a nivel mundial tuvieron un inicio independiente, alguna que otra casi paupérrimo, que implicaba el autopromocionarse sin el apoyo de una disquera o de un super representante.

Aunque, hoy en día, esa independencia se ha transformado en un género en sí mismo, por el simple hecho de etiquetar un estilo alternativo, que no entra dentro de esos estándares o modas en la industria musical. Y puede ser un proyecto de rock, de pop, electrónico o hasta de cumbia.

Es, precisamente, en las redes sociales y plataformas digitales donde más se difunde el “indie” como género, ya sea en ITunes o Spotify, por mencionar algunos. También estaciones de radio que lo programan y que se han convertido de alguna manera en otra plataforma, pero esta sí tradicional; hablamos de Ibero 90.9, Reaktor 105.7 y RMX 98.5 en la CDMX,  así como la misma RMX en Guadalajara y Cancún. Asimismo, la gran cantidad de emisoras online especializadas, como The Music Machine y 8Radio en Reino Unido, Alternate USA en Estados Unidos o La Libélula Radio  y  Mediática FM en México.


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EL PALOMAZO
Por aquí les dejo algo de las llamadas bandas “indie”


El disco de vinilo: entre nostalgia y calidad

Por Divandino

El disco de vinilo: entre nostalgia y calidad

Escuchar música siempre ha sido un placer, más si se trata de nuestro género favorito. Esta acción puede ser tan pública como oír música en el antro, en el transporte público o en un concierto; pero puede ser tan privada como cuando te pones unos audífonos o cuando viajas solo en tu auto.

Sobre todo con la segunda condición, esa que podríamos considerar más privada, más nuestra, es donde se antoja apreciar un sonido nítido, que capte cada detalle de ese “solo” de guitarra que tanto te gusta o desmenuce el vaivén de una percusión del “left al right”.

Desde el fonógrafo hasta los servicios de streaming, la música se busca disfrutar al máximo y, con el paso de los años, se ha logrado llevarla a tan solo un click y en la palma de la mano.

Fue en la segunda mitad del siglo XIX que el inventor Thomas Alva Edison creó el fonógrafo, artefacto capaz de transformar la energía acústica en mecánica; los sonidos se grababan en un cilindro de cera y, para reproducirlo, una aguja debía recorrer los surcos para traducir las vibraciones contenidas en dicho cilindro.

Años más tarde, un joven inventor –Emile Berliner- construye otro aparato muy similar al fonógrafo –lo llamaría gramófono-, con la diferencia que cambio el cilindro por un disco plano con surcos para registrar las vibraciones sonoras. Además de poder usarlo una y otra vez, podrían hacerse muchas copias a bajo costo, el disco plano fue inicialmente de vidrio, luego de zinc y al final de plástico.

Fue a partir de este momento que el disco de vinilo se convirtió en toda una cultura musical, el medio idóneo para escuchar desde las monumentales arias hasta las mejores cumbias. Deleite de chicos y grandes durante más de medio siglo.

Ya con los tocadiscos o tornamesas, el disco era el medio idóneo para escuchar música, tanto a nivel doméstico como a nivel profesional. Recordemos que las estaciones de radio utilizaron mucho tiempo los acetatos para promocionar a grupos y artistas; ya después lo harían a través de cassettes, cintas de carrete abierto, cartucheras para cintas de 8 tracks, DAT (Digital Audio Tape), CD’s, MiniDisc hasta legar a los software más sofisticados que reproducen archivos digitales en diversos formatos.

Como todo en la vida, la tecnología se encargó que con el paso de los años el vinilo o acetato empezara a ser obsoleto, sobre todo con la llegada del Disco Compacto o CD a finales de los 80 y principio de los 90.

En su momento, los discos fueron de colores. Durante el furor de la música disco era muy común comprar sencillos o álbumes completos –unos se reproducían en 33  y otros en 45 revoluciones por minuto o RPM- en color rojo, verde, azul, rosa o transparente. Era, hasta cierto punto, delirante observar el giro del disco con alguna foto o la portada misma del álbum en medio del plato.

El disco de vinilo significó un escaparate para la creatividad de artistas visuales, fotógrafos, diseñadores e imagólogos. Cómo olvidar portadas magistrales de The Beatles,  Pink Floyd, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Nirvana, Metallica, Queen, Iron Maiden, Pearl Jam o Pixies, entre otras; muchas de ellas, verdaderas obras de arte.

El hip hop y el rap no existirían si, en su momento, los disc jockeys no tocaran sus discos en las tornamesas, ya haciendo un “loop” o un “scratch”. Vaya, en este género el DJ siempre fue complemento del MC (rapero).

La música electrónica no hubiese evolucionado sin el mágico giro de los discos, ya en las fiestas clandestinas o “raves” en la Europa ochentena o en los antros de las grandes urbes mundiales.

Sin embargo, aún con las posibilidades de escuchar música vía Spotify o Atunes, buena parte de los millennials están volteando hacia atrás y experimentando con esos platos de plástico que alguna vez marcaron leyendas y que, muchas veces, sus padres tienen arrumbados por algún recoveco de casa.

Es la nostalgia, quizá, que también las viejas generaciones están reviviendo esta pomposa costumbre: el de abrir un disco, cortar el celofán y percibir ese olor característico de un disco de acetato; el no brincarse de track a tack, sino disfrutar el momento y apreciar pista tras pista, escuchando el ligero rasgueo de la aguja con los surcos, mientras deleitas tu vista con la portada y el tracklist –incluso la letra de cada canción-. Sin duda, todo un ritual.

Es a partir de la primera parte de la década del dos mil que los acetatos se empezaron a comercializar más, dado que la industria del “disco” estaba casi noqueada y en la que solo coleccionistas y puristas de la música tenían acceso.

Los dj’s, desde hace más de una década y pasada la euforia de los players, optaron por utilizar los discos de acetato para tocar sus archivos digitales, utilizando en la mayoría de los casos un par de clásicas tornamesas Technics 1200. Y es que muchas compañías líderes en el ramo (Pioneer, Stanton, Numark, etc) crearon diversos software y su respectiva interfase que simulaban realmente  la experiencia de tocar con un disco.

Hoy en día siguen reeditando en vinilo grandes LP’s (Long Play) clásicos, bandas y solistas empiezan a editar sus nuevas producciones en este formato –incluso muchos de ellos lo hacen ya con otro formato que se creía desaparecido, como el cassette-, sobre todo del rock y géneros afines, así como de música electrónica. El pequeño detalle es el precio, más si el disco en cuestión es importado, pues resulta más caro que un CD o si lo compran en ITunes o Amazon.

Claro, claro, dicen que lo bueno sale caro. Y si. Un disco es doble o a veces el triple de caro que otro formato, pero su calidad es insuperable y excepcional, pues capta con mayor detalle todos  y cada uno de los sonidos de una grabación original de estudio o en vivo.

Y un ejemplo de esta tendencia es la apertura de Third Man Pressing, una planta productora de vinilos de última generación, ubicada en pleno corazón de Detroit, una de las ciudades musicales más emblemáticas en Estados Unidos.

Este sueño fue iniciativa del músico y cantautor Jack White, quien vislumbra la generación de empleos con salarios dignos en aquella ciudad norteamericana, a través de una fábrica abierta los 7 días de la semana donde se encuentra, además, un estudio de grabación de altas especificaciones y un sistema de distribución. Es decir, toda una industria integral.

El disco de vinilo resume toda una historia en la que melómanos, músicos y coleccionistas han logrado que, de ser un objeto de lo más común para escuchar música en el siglo pasado, lo hayan convertido ahora en todo un símbolo de calidad, posición y, sin exagerar, de lujo.


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EL PALOMAZO
Por aquí les dejo algo de música con discos de acetato:

El concierto más emotivo de U2

La Libélula
Por Divandino


Un cielo gris, oscuro, más bien como el grafito de los lápices; era el color de las nubes amenazantes a la entrada del Foro Sol, que se encuentra dentro del Autódromo Hermanos Rodríguez, en la golpeada CDMX por los recientes temblores del 7 y 19 de septiembre. Todo indicaba que en cuestión de minutos caería un aguacero torrencial; y no era para menos, las semanas previas habían sido bastante lluviosas.

Eran cerca de las 4 de la tarde y los accesos al recinto aún no abrían. Y ya nos explicaban a los que esperábamos soportando un poco de viento, que el ingreso sería en unos minutos, esperando que en otra de las entradas desahogara el paso de largas filas hacia el interior del Foro.

Veinte minutos después, junto con mi cómplice en estas aventuras musicales de conciertos y festivales -o sea, mi esposa- ingresamos por el largo pasillo y pasar después por las bandas donde te checan tu boleto y la respectiva revisión policiaca, por si llevas una bomba o un kilo de coca. Amable la gente de seguridad, eso sí.

Antes de ingresar por uno de los accesos a “gayola” -era la cuarta vez que veía a esta banda, las anteriores habían sido en pista y en palco, no había problema- checamos los souvenirs oficiales y no oficiales, aunque sea “un vasito y una playera del evento” nos llevamos.

Por fin, ingresamos a nuestra zona asignada, ya con un hambre feroz, degustamos unas deliciosas hamburguesas y unos ricos esquites; midiendo un poco nuestra ingesta porque habría que estar preparado para las famosas “chelas de 100 varitos o más”.

Conversando y checando el playlist de otros conciertos de la banda, pensamos que no distaría mucho del recital que veríamos en un rato más.

No es muy común, pero en lo personal esperaba mucho la presentación del grupo telonero, que en esta ocasión sería el ex Oasis y malhumorado Noel Gallagher, con su High Flying Birds.

Ya dentro del Foro Sol, en lo alto de una de las gradas, sentimos un viento un poco helado y que, según yo, fue lo que disipó las nubes amenazantes y dejó ver una brillante y misteriosa luna -esas famosas lunas de octubre-.

Haciendo ejercicios visuales, tratando de evitar un enorme tubo-soporte, pudimos acomodarnos para tener un ángulo decente.

Casi a las 19:30 aparece el grupo abridor. Es, como ya lo había comentado, el respetado, admirado y odiado Noel Galagher y su banda, interpretando sus éxitos como solista, entre ellos “In The Hear Of The Moment” -quedó a deber la magnífica “Ballad Of The Mighty I” y, claro, las inolvidables de su etapa con Oasis como “Wonderwall” “Champagne Supernova”y “Don’t Look Back In Anger”.

Es una de las pocas veces que disfruto al telonero. Y tal parece que al adolescente que estaba frente a nosotros también: un chavo de escasos 17 años, vistiendo -era de los contaditos- que llevaba una playera estampada con el logo de Noel Gallagher’ High Flying Birds, extasiado con cada tema del ex Oasis; siempre acompañado de su padre cincuentón y presto para las selfies intermitentes y siempre esperando con ansias -como su servilleta y esposa- a la banda estelar.

Concluye Noel Gallagher y su banda, luciendo una chamarra con la leyenda “Mexico Is The Shit”, una leyenda que lejos de ofensiva, resulta una frase de coraje y orgullo –a decir de su creador Anuar Layón, quiere decir “México es Chingón”-.

Inicia un largo intermedio de casi una hora, mientras degustamos las famosas bebidas amargas y palomitas de maíz, a lo lejos no dejo de observar el magno recinto hecho un templo del rock y de la música en general, abarrotado por más de 65 mil almas.

Suena de fondo un buen hit de la banda indie Arcade Fire, al tiempo que se puede apreciar la megapantalla rectangular, ya con la silueta dibujada de un árbol endémico de los desiertos de Colorado, en Estados Unidos, una especie de cactosa con la que U2 bautizó a uno de sus mejores discos, The Joshua Tree, editado en 1997.

Era la cuarta ocasión en las que vería a Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. Si, una de mis mejores bandas del planeta tendría un ritual más con su público mexicano. The Joshua Tree Tour, su más reciente gira con la que conmemoraba el 30 aniversario del disco homónimo.

Se apagan las luces y suena un tema en segundo plano, y no precisamente de la banda irlandesa: “The Whole Of The Moon” de The Waterboys. Tal como se presentaron con su gira 360 en el estadio Azteca con el tema de fondo “Space Oddity” de David Bowie, esta noche fresca en el Foro Sol lo hacían con el legendario tema de sus coterráneos.

U2 abría su segundo concierto con el mismo setlist de la noche anterior: arrancando con sus éxitos memorables, sobre todo de los 80, como “Sunday Bloody Sunday”, “New Year’s Day” o “Pride (In The Name Of Love)”.

Tras repetidos mensajes con un atropellado pero entendible español, Bono hacía referencia a los recientes hechos trágicos en México tras los sismos del 7 y 19 de septiembre, mencionando a cada uno de los estados de la República afectados; una arenga de solidaridad, fe y esperanza al unísono para los damnificados y para el pueblo en general. Minutos antes, el respetable había entonado, a manera de encore previo a la salida del grupo, el emotivo “Cielito Lindo”.

“México ha pasado por unas semanas difíciles y por eso les agradecemos que estén aquí”. “Estamos honrados de estar con ustedes y queremos serle útiles. También queremos tener una noche épica de rock and roll donde podamos dejar atrás todo..”

Recordemos que los irlandeses, a través de una asociación civil, donaron 2 mil refugios temporales para 10 mil personas afectadas por los terremotos de septiembre.

Luego de interpretar los primeros temas, el ambiente generó la alegría y el llanto de muchos: los sentimientos a flor de piel provocados por las palabras de Bono y los acordes de The Edge, aunado al brote de nostalgia y melancolía en el público, propios de cuando escuchas “música de mis tiempos” – dirían los cincuentones y sesentones-.

A continuación, la banda tocó en su totalidad el mítico The Joshua Tree, desde “Where The Street Have No Name” -híjole, ahí con la famosa lágrima de Remi, era mucha la emoción- hasta la última del disco “Mothers Of The Disappeared”, pasando por la entrañable “With Or Without You” y la poderosa “Bullet The Blue Sky”.


Que cantidad de fans se daban cita en el Foro Sol, cantando todas las rolas del The Joshua Tree. Volteaba para un lado, volteaba para otro, y las voces pronunciaban cada estrofa y cada estribillo; un grupo de cuarentones que se encontraban atrás, a lo mejor con un inglés muy bizarro, pero desgarraban sus gargantas cantando cada uno de los temas de los irlandeses.

Pasado el primer éxtasis, como si hubieses subido a una montaña rusa, vino una segunda escalada sensorial, cuando vinieron temas un poco más recientes, con los que la generaciones del Grunge y alguno que otro millenial se identificaba: “The Beautiful Day”, “Vértigo” y “Elevation”, pasando por canciones de otro gran disco (Achtung Baby) como “One” y “Ultraviolet”.

El sello característico de este concierto, en comparación a otros de U2, fue el nivel de emotividad. Y uno de estos instantes, precisamente, fue el que se dio cuando la banda interpretaba “Ultraviolet”, haciendo alusión al poder que representan las mujeres en el mundo, al tiempo que en la megapantalla se proyectaban imágenes de féminas cuyas vidas han representado triunfos y luchas en distintos ámbitos.

Pero el momento crucial que devino en una ovación uniforme, fue cuando se proyectaron imágenes de mujeres mexicanas, artistas y pensadoras, que incluían rostros que iban de una Frida Khalo a una Sor Juana Inés de la Cruz y de una Rosario Castellanos a una Carmen Aristegui -sorprendida y halagada se mostró horas más tarde la periodista en sus redes sociales-.

Cerca del final del concierto, U2 interpretó uno de sus más recientes sencillos “You’re The Best Thing About Me”, primero de su próximo disco. Tema que realmente pasó desapercibido, sin mucho “punch” –a decir de muchos críticos musicales- y opacado por el torbellino de éxitos que tocaron esta noche.

U2 cerró el segundo concierto con el tema “The Sweetest Thing” y con él se va la esperanza de ver una vez más a esos cuatro jinetes, cual representantes de los puntos cardinales, y experimentar esa anestesia  auditiva de 140 minutos.

Prestos, un servidor y mi esposa, bajamos lenta y ordenadamente las escaleras de esas gradas aún iluminadas, y salimos del Foro Sol rumbo a nuestro transporte de regreso. Una aventura más, un concierto especial, una buena costumbre para un melómano de corazón.

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La banda irlandesa aprovechó su estancia en la Ciudad de México para grabar el video de su próximo single, “Song Of Experience, Get Out On Your Own Way. Todo su staff ambientó la azotea de un edificio en la zona centro con motivos del folclor mexicano. Todo bajo la dirección del extraordinario artista conceptual Anton Corbjin. Además, sus presencaciones del 3 y 4 de octubre quedaron registradas para lanzar, probablemente el próximo año, un DVD para todos los fans. Ya existe un testimonio visual de su gira Pop Mart de 1997 en el país.

Aquí un pequeño fragmento del concierto:

Tom Petty: cuando la música es tu techo y tu comida

Por Divandino

En medio de una gira, junto a sus inseparables The Heartbreakers, la muerte lo sorprendió. El lunes 2 de octubre por la tarde los medios del espectáculo estadounidenses, como TMZ y la revista Rolling Stones, daban por hecho que el rockero había sufrido un infarto fulminante la noche del día anterior en un hotel de Malibú.

Su familia desmintió el hecho, al igual que la policía de Los Ángeles, CA, quienes argumentaban que seguía con vida. Razón por la que medios norteamericanos e internacionales guardaron cierto hermetismo. Fue hasta después de las 10 pm de este lunes que se anunciaba -ahora sí- el deceso del gran músico, compositor y cantante Tom Petty. Pero, quién era Tom Petty?

Fue un chico tímido, nacido en Gainsneville, Florida, que encontró refugio en las canciones de Elvis Presley y Bob Dylan, tras padecer maltratos de su padre. Pero fue la mágica presentación de The Beatles en el programa de tv de Ed Sullivan que lo inspiró y lo convenció que su camino sería la música.

Tomas Earl Petty inicia su carrera profesional en los setenta, tras dejar su natal Florida e instalándose en Los Ángeles, de la mano de sus compañeros de escuela y que tenían la misma ilusión de triunfar en la música. Cuentan que, en su momento, cuando concluyeron su “high school”, el mismo Petty convenció al padre de uno de sus amigos para que no estudiara la universidad, pues “haciendo música ganarían mucho dinero”.

Unos años antes, en Forida, había formado la banda Mudcrutch con mediano éxito. Sin embargo, en los noventa reuniría a dicha alineación con quien graba dos álbumes.

Fue en 1976 que forma la legendaria banda Tom Petty and The Heartbreakers, con un sonido muy del rock sureño estadounidense, con gran influencia del folk y del country. A lo largo de esta década y en los ochenta, su música fue un escape para la clase media norteamericana afectado por las guerras y las crisis económicas, al puro estilo del mismísimo Bruce Springsteen.

Petty fue de esos rockeros con cierta ambivalencia fuera de Estados Unidos, pues en Europa o era admirado al extremo o tratado con indiferencia y desconocimiento.

En cambio, fue un profeta en su tierra, pues logró el reconocimiento entre coterráneos y figuras, además, como Bob Dylan o el ex Beattle George Harrison, con quienes Petty formaría a finales de los 80 el inimaginable ensamble de ensueño, los Traveling Wilburys, junto a los no menos grandes Roy Orbison y Jeff Lyne.

Son muchas las canciones memorables de este vaquero del rock. De las más exitosas se encuentran “American Girl”, “Refugee”, “Learning To Fly”, “Mary Jane’s Last Dance” y, por supuesto, la noventerísima “Free Falling”.

Una difícil noticia para la mùsica norteamericana el deceso de Tom Petty, difícil de digerir pues aparentemente no sufría de algún padecimiento: fue reconocido y admirado por grandes músicos y letristas, referencia de muchas bandas En este 2017, precisamente, estaba celebando sus 40 años de carrera junto con sus Heartbreakers.

Se fue el gran Tom Petty, sus temas siempre traen recuerdos agradables o tristes; su música seguirá imprimiento un toque de nostalgia. Parafraseando parte del estribillo del clásico “La Guitarra” de la banda argentina Auténticos Decandentes, diríamos que para Petty “la música  será (fue) mi techo y mi comida”.

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EL PALOMAZO
Aquí les dejo dos temas memorables de Tom Petty:

“Mary Jane’s Last Dance” con The Heartbreakers

“Handle With Care” con The Traveling Wilburys


Música para sanar el espíritu

Por Divandino


Noche lluviosa. Vienen a mi mente recuerdos de mi infancia, remembranzas que hace unos días parecieron un déjà vu luego de los sismos sufridos el 7 y el 19 de septiembre en distintos estados del país. A los 10 años de edad ya tienes conciencia de lo que significa el peligro, el miedo y la zozobra ante un fenómeno natural; y en aquel 1985 se quedaron grabados, al igual que hoy, las noticias, los comentarios de la gente en la calle y en el hogar.

Mucho se ha hablado ya de los recientes movimientos telúricos que sacudieron varios estados del centro y sur de México: de la enorme solidaridad ciudadana, pero también de la enorme corrupción que revelan las paupérrimas construcciones de casas y edificios; del heroísmo canino representados por la perrita “Frida”, pero de la cruel e irresponsable invención de la niña Frida Sofía y su posible rescate de los escombros de la escuela Rébsamen en la CDMX .

Claroscuros de lo que significa la unión y el apoyo entre ciudadanos, tal cual como en el 85, solo que hoy con la velocidad vertiginosa de las redes sociales: que lo mismo informan y desinforman, que igual dan certeza de una persona rescatada y del perverso juego de los mensajes y noticias falsos.

Como espectador, quizá algunos más pendientes que otros, ya sea por un trabajo que implica monitorear medios de comunicación y redes sociales o solo por querer ser un ciudadano informado, encontramos una vorágine de opiniones, de acusaciones, de reproches, de rabia, de tristeza y, sobre todo, de indignación. Que si el gobierno fue rebasado, que si los partidos políticos quieren sacar provecho con su mentada “disposición de sus recursos para apoyar a los damnificados –cuando en realidad ese dinero es del ciudadano-, que si Televisa inventó su telenovela de Frida Sofía y que si la Marina fue sometida para salvarle el pellejo a la televisora.

Todos los comentaristas de radio y tv, los columnistas de medios impresos y los llamados “influencers” en redes sociales creen tener la razón, su propia verdad de las cosas –algo muy subjetivo, por cierto-. Ante la múltiple cantidad de versiones, todos los ciudadanos de a pié tenemos que sacar nuestras propias conclusiones, tratar de darle la justa dimensión a las cosas.

De lo que sí podemos estar seguros que, al igual que en aquel septiembre de 1985, en este septiembre de 2017 se darán parteaguas en varios aspectos: seguramente habrá modificaciones en las leyes, habrá culpables por las malas construcciones, habrá nuevos héroes anónimos, pero también muchos vivales que se aprovechen de la vulnerabilidad popular

Lo más importante es lograr que ese carácter colectivo surgido a raíz de la desgracia prevalezca, para  poder hacerle frente a las desigualdades, a la apatía institucional, sobre todo cuando la euforia humanitaria se va menguando y empieza el verdadero calvario para los damnificados.

Hasta en las catástrofes siempre la música alimenta el alma de los desvalidos y los afligidos.  Así como los esclavos africanos reflejaban su dolor en los campos de algodón del sur de Estados Unidos a finales del siglo XIX, a travésolor en los campos de algodón del sur de su dolor en los campos de algodrdadero calvario para los damificadosjes y noticias fals del “blues”, aquí en México, en las imágenes que inundaron los medios de comunicación y las redes sociales, brigadistas y rescatistas voluntarios entonaban con orgullo el “Cielito Lindo” cuando alguien era rescatado con vida, también entonaban el himno nacional mexicano con el fin de darle fortaleza al espíritu, a esa identidad que en los peores o mejores momentos aflora.

En las zonas devastadas, algunos músicos callejeros o de alguna escuelas interpretaban discretas melodías con guitarra o violín, tratando de amainar el profundo dolor de las personas esperando a un familiar de entre los escombros o para alimentar el espíritu de voluntarios, soldados y de los mexicanos en general..

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PALOMAZO

Una de las empresas organizadora y promotora de eventos, sobre todo de conciertos musicales –OCESA- canceló los recitales programados para las últimas dos semanas de septiembre en la CDMX, como una muestra de solidaridad con el dolor colectivo provocado por el terremoto del día 19.