La Herencia (Parte 2)

La Libélula
Por Divandino
  
Reconocer la aportación musical de muchas bandas y cantantes en sus similares de generaciones posteriores implica hablar de temas, de sonidos y de modas. La herencia musical que los llamados “grandes” han dejado es inmensa; es un bagaje que ha servido de inspiración para cientos o,  incluso, miles de proyectos alrededor del mundo, mismos que han revitalizado y perpetuando al rock, no solo como género, sino como actitud.

En la entrega pasada abordamos algunos nombres que han influido en diferentes propuestas en los últimos 40 o 50 años, bandas y solistas que se han ganado aquel mote de “vacas sagradas” y que la mayoría tiene un lugar en el Salón de la Fama del Rock & Roll: ahí donde se encumbran las voces y los sonidos que han hecho historia.

Pero, también en Latinoamérica –quizá debamos ser incluyentes y hablar de Hispanoamérica, por aquello del idioma- existen semillas sonoras que han germinado en propuestas innovadoras, alternativas y populares, año tras año y década tras década se retoman tendencias y sonidos para rehacer y renacer en un estilo propio. Quizá muy difícil de lograrlo, pues aunque el universo del rock en español es inmenso, realmente son pocas las bandas que han sido propositivas.
Si hablamos de México es mencionar nombres que van desde los grupos de cover como Los Teen Tops, Los Hooligans o Los Rebeldes del Rock, quienes a pesar de hacer copias del rock ‘n Roll norteamericano un tanto rosas, sentaron las bases para que la juventud empezara a identificarse con esa cierta “rebeldía” musical. También en la provincia mexicana había propuestas de este tipo, como Los Rockets en Monterrey, Los Flamers en Veracruz –si, los de Roberto Bueno que luego hicieran famosa la “chunchaca”- y Los Baby´s en Yucatán.

Pero definitivamente bandas como El Tri –o  El Three Souls In My Minds como se le conoció en sus inicios-, los Dugs Dugs o La Revolución de Emiliano Zapata sentaron realmente las bases de un movimiento de rock nacional. Aunque en sus inicios, sus canciones eran interpretadas en inglés y más tarde incluirían temas ya en castellano.

Todos estos y muchos otros grupos, en un ambiente de represión gubernamental provocada por los movimientos estudiantiles de finales de los 60 y principios de los 70, conformaron esa primera camada de precursores del rock mexicano.

Mención especial merece Javier Bátiz, quien siempre ha presumido ser el maestro de guitarra del mismísimo Carlos Santana, es uno de esos baluartes del rock rupestre que brilló en los 70 y que pasó varias temporadas y décadas completas en el underground. Hace muy poco, en el mes de mayo, fue objeto de un merecido homenaje en la CDMX por su contribución a la música y a la cultura capitalina.
Otros que aportaron a la conformación del rock nacional fueron, sin lugar a dudas Rockdrigo González, aquel trovador citadino que falleció en el sismo del 84 y que es padre de Amandititita. El guitarrista, poeta, panista y cantante Guillermo Briseño le dio personalidad y calidad lírica; aunque no destacó de manera comercial, muchos compositores y rockeros de corazón le deben mucho a este gran músico.

Qué decir de El Tri de Alex Lora, que ha sido muy criticado al volverse más comercial –dícen los puristas- pues sus orígenes eran los llamados “hoyos fonqui” y luego grababan con disqueras transnacionales. Lo cierto es que es una de las bandas insignes de “nuestro rock” y una leyenda viviente que le ha dado presencia al género desde los 60 hasta nuestros días.

Producto de la invención mercadológica en los años 80, llamada Rock en Tu Idioma, surge otro gran movimiento para posicionar el rock en español. Tanto bandas mexicana, como argentinas y españolas, se encargaron de crear toda una moda que con el tiempo perduró diversificándose en otros géneros no muy difundidos en México, en aquel entonces, como el hip hop, el reggae, el ska o el rock fusión.

De aquel movimiento y los que se dieron ya en los 90, bandas como Caifanes, Maldita Vecindad, Café Tacuba y Molotov, son las que han cimentado una segunda etapa del rock nacional. Gracias a ellos, además de ser un gran negocio para disqueras y estaciones de radio, dieron cabida a más grupos y solistas como Julieta Venegas, Zoé, Natalia Lafourcade, Moenia o Panteón Rococó, entre muchos otros.

Quizá una tercera etapa es cuando surgen nombres que también han sido elementales, no solo para mantener el rock como género, sino para diversificarse en otros géneros y tendencias. nombres como Dildo, Porter, Los Rebels Cats, Plastilina Mosh o el Colectivo Nortec –que ahora solo quedan Bostich y Fussible-, Le Butcherettes,  Caloncho, Enjambre,  y Hello Seahorses, entre muchísimos más.

A mediados de los 90 se popularizó el festival Vive Latino en la CDMX, que se ha convertido en todo un foro para las bandas consolidadas y las nuevas promesas, no solo del rock nacional, sino del latinoamericano. A partir de esta plataforma, años después surgen otros festivales que, ante la decadencia de la industria discográfica, se convierten en una suerte de mecanismo de promoción.

Hoy en día, no podríamos hablar solo de rock mexicano, sino de una conjunción de subgéneros y estilos alternativos que tratan de ganar adeptos entre las nuevas generaciones; hablamos del movimiento “indie nacional”, que en su mayoría son propuestas musicales que graban con sellos discográficos independientes y, por otro lado, usan las redes sociales como uno de sus foros principales de promoción.

En la siguiente entrega, abordaremos lo referente a las propuestas que le dieron peso y presencia al rock en español desde España, Argentina, Chile, Colombia y otros países latinoamericanos.

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EL PALOMAZO
Aquí les dejo uno de tantos temas de Café Tacuba, una de las bandas insignes del rock nacional.


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